Los jueces, igual que los políticos, senadores y diputados, venden generalmente lo que no les pertenece. Unos venden sentencias y otros lo que queda del país, casi todos venden impunidad, se constituyen en garantes de la corrupción, incluso del narcotráfico, y nos conducen a la ruina.
Pocos son los que se atreven a ponerse el Pantaleón, como hizo uno, darle seguimiento a una instrucción añeja y a fuerza de cojones llevar a una parte de los asesinos del periodista Orlando Martínez a la reja, sin reparar en las consecuencias, que no se hicieron esperar.
La diligente suprema corte de justicia, así en minúsculas, como debe ser, castigaría, en efecto, su atrevimiento, sacándolo -con un pretexto baladí- del cargo que desempeñó más que honrosamente.
Yo no conozco nada o muy poco de derecho pero como la graciosa sentencia del caso Baninter en beneficio de una pandilla de depredadores, está evidentemente torcida y retorcida, me voy a permitir opinar, meter como quien dice la cuchara profana, incluso profanadora si viene al caso.
Al fin y al cabo, los jueces que, literalmente, evacuaron la sentencia se graduaron, si se graduaron, de doctores en torcido pero nunca en derecho.
Altas instancias del poder económico y político, incluyendo al monarca constitucional de la República, príncipes de la iglesia apostólica y romana hicieron valer su influencia. Plumíferos perversos pueden haber intervenido en la redacción del documento que no por casualidad, sino como producto de un cálculo avieso, es un mamotreto, un adefesio, un dechado de contradicciones.
El engendro, el Frankenstein jurídico lo fabricaron aposta para enmendarlo en apelación, y ya desde ahora podemos anticipar que la enmienda estará dirigida a evitar que los depredadores no pasen un solo día en la cárcel.
Si algo se cumple en este país es el pacto de impunidad entre los sectores del poder, que ningún juez se atreve a irrespetar. Los jueces, como dice Bertolt Brecht, son incorruptibles en este sentido. No hay dinero en el mundo que los haga fallar conforme a lo que manda la ley.
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