La pobreza extrema no es exclusiva de bateyes donde viven mayormente haitianos, se registra en numerosas regiones del país, incluido en zonas de la capital, como en el barrio La 70 de Cristo Rey, La Loma del Chivo, Villa Linda y La Piña de Los Alcarrizos
Lo primero que hace Ramona es pedir que se tomen fotografías a su casucha, “para que la autoridad venga y me la arregle”, después toma del piso de tierra los útiles de trabajo y empieza la faena con la que dejará como nuevos los calderos de sus clientes, que ha ido a buscar en otros barrios.
En los alrededores, niños descalzos juegan en el lodazal en que se ha convertido el camino de tierra.
En La Loma del Chivo la escena es idéntica, como si fuese parte de un mismo guión, las desvencijadas viviendas, la falta de servicios básicos y el abandono del que acusan a todos los gobiernos es una realidad latente.
En estas partes de la capital y de su periferia hay igual pobreza como la de los bateyes de San Pedro de Macorís, donde la mayoría son haitianos, visitados la semana pasada por congresistas estadounidenses.
“¿Cuál tarjeta de solidaridad?, por aquí no llega nada de eso, lo único que llega son las promesas de campaña”, dice Julián Garrido, con la convicción de quien nada espera.
La situación se repite con similares rasgos en muchos otros sectores, cuyos nombres llenarían páginas enteras.
Entre voz oficial y promesas
Los esfuerzos hechos se han quedado cortos, y si en la zona urbana el panorama es desolador, en la rural es espantoso.




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